Isla Saona es probablemente la excursión de playa más vendida de toda República Dominicana. Cada día salen decenas de catamaranes y lanchas desde Bayahibe y La Romana llevando miles de turistas a sus playas. A pesar de esa masificación —o quizás por entenderla bien— sigue siendo un destino que vale la visita si se elige bien el modo de llegar.
Por qué sigue valiendo la pena
Isla Saona tiene 25 km de longitud y solo unos pocos puntos de llegada de turistas. La costa norte tiene playas con poca profundidad donde el oleaje mueve la arena en patrones increíbles. En la laguna de Palmilla, en el extremo oeste, el fondo estrellado de estrellas de mar es uno de los espectáculos marinos más fotografiados del país.
La trampa del tour masificado
Los tours estándar de catamarán desde La Romana concentran a 150-200 personas en las mismas dos playas. Si quieres Saona sin la masificación, contrata una lancha privada desde Bayahibe (US$120-150 para 4-6 personas) que te lleve a tramos de playa sin tours. La diferencia es abismal.
El pueblo de Mano Juan
Mano Juan es el único asentamiento permanente de la isla: un pueblo de pescadores con casas de colores que siguen viviendo de la pesca artesanal. Pedir al lancha que te lleve al pueblo y caminar entre las casas es una experiencia muy diferente a la playa turística.
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