Hay un punto exacto en la carretera que sube desde La Vega hacia Constanza, pasada la última curva antes de que el valle aparezca, donde el paisaje cambia de trópico a montaña alpina en cuestión de segundos. Las palmeras desaparecen y aparecen los pinos. El calor se convierte en fresco. Y el valle que se abre ante ti, con sus campos ordenados de fresas y flores, sus casas de madera y sus montañas verdes, no parece estar en el Caribe.

La rareza geográfica de Constanza

Constanza es posible gracias a una rareza geográfica: la Cordillera Central de la Hispaniola es la única cadena montañosa del Caribe insular lo suficientemente alta (más de 3.000 metros en algunos picos) para crear un microclima de montaña templada dentro del trópico. El Valle de Constanza, en la falda norte de esta cordillera, recoge ese clima.

La comunidad de Constanza

Constanza tiene una comunidad inmigrante de japoneses que llegaron en los años 50 y 60 invitados por el gobierno de Trujillo para desarrollar la agricultura de montaña. Sus descendientes siguen siendo parte de la identidad del valle: el apellido Ito, Tanaka o Miura en un contexto dominicano tiene su explicación en esta historia.