Hay lugares en el mundo que requieren esfuerzo para llegar y que justifican cada kilómetro de ese esfuerzo. Pedernales es uno de ellos. La ciudad más al suroeste de República Dominicana, en la frontera con Haití, no tiene aeropuerto, tiene pocas habitaciones de hotel decentes y está a cuatro horas de la capital. Y aún así, quien llega hasta aquí generalmente coincide en que fue uno de los mejores viajes de su vida.
Lo que hace único a Pedernales
La Bahía de las Águilas es razón suficiente: una de las mejores playas del mundo, sin turismo, sin hotel, sin vendedores. La Laguna de Oviedo con sus flamencos es una segunda razón. El Lago Enriquillo con cocodrilos americanos es la tercera. Y la frontera haitiana a pocos kilómetros, con los mercados binacionales de cada semana, es una cuarta dimensión cultural que no encontrarás en ningún otro punto del Caribe.
El mercado binacional de Anse-à-Pitres
Los lunes y viernes hay un mercado binacional en la frontera de Pedernales/Anse-à-Pitres donde comerciantes haitianos y dominicanos intercambian productos. Es una de las experiencias más auténticamente caribeñas que existen: dos culturas hermanas, separadas por la más absurda de las fronteras coloniales, haciendo negocios en creole y español.