La mina de ferroníquel de Bonao es uno de los grandes debates del desarrollo dominicano en versión local. Lleva más de 50 años extrayendo mineral de las laderas de la Cordillera Central, ha creado miles de empleos directos e indirectos y ha generado ingresos de divisas para el estado durante décadas. Y también ha impactado ecosistemas, cuencas hidrográficas y calidad del aire de una región que es, irónicamente, uno de los pulmones verdes del país.
Los beneficios reales
El ferroníquel de Bonao es el segundo producto de exportación dominicano. En los años de precio alto del níquel (2006-2008), los ingresos de la mina representaron más del 10% de las exportaciones totales del país. La empresa ha financiado infraestructura local, programas sociales y la universidad regional. El empleo que genera —directo e indirecto— es la base económica de una ciudad de 80.000 personas.
El impacto ambiental
La extracción de ferroníquel requiere remover vegetación y suelo superficial en grandes extensiones. Las cuencas hidrográficas cercanas a la mina han recibido impactos documentados de sedimentación. La empresa opera con certificaciones ambientales internacionales pero el debate sobre el costo real de la explotación no está cerrado.