San Pedro de Macorís tiene fama de ser solo una ciudad de paso en la autopista del Este, un punto de referencia a mitad de camino entre Santo Domingo y Punta Cana. Esa percepción le hace una profunda injusticia. San Pedro tiene historia colonial única, el béisbol más apasionante del Caribe, un carnaval declarado Patrimonio UNESCO y una arquitectura que habla de un siglo de prosperidad azucarera.
La arquitectura que nadie ve
El Malecón de San Pedro tiene mansiones de finales del siglo XIX y principios del XX que en cualquier ciudad del Caribe serían el destino turístico central. Los estilos victoriano, neoclásico y ecléctico de los azucareros y comerciantes árabes que hicieron la fortuna de la ciudad están ahí, esperando a quien se detenga a mirar.
El béisbol como turismo cultural
Ver un juego de las Estrellas Orientales en el Tetelo Vargas entre octubre y enero es una de las experiencias deportivas más auténticas del Caribe. El nivel de juego —muchos peloteros son prospectos de MLB entre temporadas— es excepcionalmente alto para una liga menor.