Hay un tipo de viajero que ha hecho el circuito completo de los resorts de Punta Cana, la Zona Colonial de Santo Domingo y Samaná, y que busca algo completamente diferente. Para esa persona, Barahona es la respuesta. No porque sea mejor que los destinos clásicos, sino porque es radicalmente distinta.

La naturaleza sin mediación

En Barahona no hay catamarán organizado con barra libre ni excursiones con guía para treinta personas. Hay un lago con cocodrilos a 40 metros bajo el nivel del mar, hay playas de guijarros de un mineral que solo existe aquí y hay un bosque nublado que alberga más orquídeas por hectárea que cualquier otro bosque del Caribe.

La infraestructura mínima como ventaja

El Hotel Cacique (Barahona ciudad) y algunos hostales de la costa son los únicos alojamientos formales de la región. Eso significa también que dormir aquí cuesta entre US$30 y US$60 la noche. Comer en un comedor de la ciudad cuesta menos de US$5 el almuerzo completo.

Para quién es Barahona

Para el viajero que prefiere la naturaleza a la infraestructura, que tolera la incomodidad de las carreteras por las recompensas que esperan al final, que quiere ver la República Dominicana que no aparece en las guías de viaje convencionales. No es para todo el mundo, y eso es exactamente lo que lo hace especial.