El carnaval de los Guloya de San Pedro de Macorís es probablemente la tradición carnavalera más singular de República Dominicana —y una de las más originales de todo el Caribe. No tiene los diablos cojuelos de La Vega ni los Pepines de Santiago. Tiene algo completamente propio que ninguna otra ciudad del Caribe puede reivindicar.
La mezcla que lo creó
Los Guloya nacieron de la confluencia de tres mundos: la tradición africana de danza y percusión que traían los trabajadores de las Antillas anglófonas, la música de flauta y percusión del Caribe inglés, y el contexto festivo dominicano que absorbió todo y lo convirtió en algo propio. El resultado es un carnaval que suena como ningún otro del país.
El papel de la UNESCO
En 2005 la UNESCO inscribió el espacio cultural de los Congos y Diablos de Panamá (otro carnaval afro-caribeño) en su lista del Patrimonio Inmaterial. Los Guloya dominicanos tienen una candidatura pendiente por su similitud y singularidad. El reconocimiento internacional ha dado visibilidad a una tradición que estaba en riesgo de desaparecer.