La mayoría de las guías de viaje que mencionan el mercado de Dajabón lo describen como una "experiencia exótica de la frontera" con una distancia que resulta casi colonial. La realidad es más compleja y más interesante: es un mercado real donde personas reales de dos países negocian su sustento diario.

La fotografía en el mercado

Fotografiar en el mercado de Dajabón requiere discreción y respeto. Muchos de los comerciantes haitianos prefieren no ser fotografiados —por razones que van desde la privacidad personal hasta preocupaciones sobre sus estatus migratorio. La cámara grande y visible crea incomodidad. El teléfono, usado con discreción y siempre pidiendo permiso, abre puertas.

Lo que sí tiene de extraordinario

La escala del mercado —miles de personas, toneladas de mercancía, todo organizado por la lógica informal del intercambio— es genuinamente impresionante. El creole y el español mezclándose en el aire, los precios negociados en el umbral del puente internacional, los camiones de carga esperando en la cola: todo eso es real y extraordinario.